Opiniones: “O me regalas la comida o te pongo a parir en internet”

No es oro todo lo que brilla en Internet, menos aún las opiniones

Es parte de nuestra vida moderna. Cuando queremos conocer un lugar nuevo, cuando vamos a otra ciudad o cuando vamos a contratar los servicios de algún profesional, solemos fiarnos de las opiniones y comentarios de Internet… pero ¿qué tan fiables son estos?

Suele pasar que esa maravillosa atención, esa comida deliciosa, ese encanto único y particular son, por decirlo de alguna manera suave: puras patrañas. Las opiniones en Internet, como casi todo en la red de redes, es manipulable.

Sabemos que muchos dueños de negocios, sus amigos y allegados se encargan de que redes como Foursqare, Yelp, Google My Bussines o en los foros especializados se ponga al negocio como “lo mejor de lo mejor”, cuando en realidad, y siendo bastante generosos, es un bar bastante mediocre.

Eso no quiere decir que muchas de esas opiniones no sean realmente genuinas, pero visto lo visto ¿Podemos fiarnos de las opiniones en Internet?

Esta es una cara de la moneda, pero y ¿Qué pasa con las opiniones negativas? ¿Que pasa con esa horda de clientes enfurecidos que descargan su ira en las redes? ¿Son igual de fiables? sorprenderá saber que hay mucho más allá detrás de ese cliente descontento.

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El Confidencial elaboró al respecto un extraordinario reportaje titulado Cuando el cliente te chantajea: “O me regalas la comida o te pongo a parir en internet” en el que se detalla con bastante claridad cómo en los últimos tiempos se ha puesto de moda “extorsionar” a los dueños de establecimientos.

Un caso entre miles

Ana María tiene un restaurante cerca de la Avenida Alberto Alcocer, también en Madrid. A mediodía suelen comer los trabajadores de las oficinas por un menú de 18 euros; por la noche, la cosa cambia: todos los platos son de carta, el nivel sube un poco más y la cuenta suele salir por unos 40 euros por cabeza.
Una noche vio a un cliente que, desde el primer minuto, sabía que le daría problemas: “Un niñato, no tendría ni 30 años, pero iba de chulito. Hablaba a voces y tenía postura de pijo macarra, estaba claro que quería impresionar a la chica con la que iba. Estaba hablando a voces y cuando mi camarero le pidió que bajase el tono, le respondió muy mal, así que a partir del segundo plato me puse yo a atenderles”.
Lo peor vino después, cuando llegó la cuenta de 85 euros (champán final incluido): “Me miró de arriba a abajo y me dijo que llamase al encargado, que quería hablar con él. Cuando le dije que la encargada era yo, el tío me dijo tan tranquilo que él solía poner críticas sobre restaurantes en muchas webs y que tenía muy buena reputación en todas. Y me lo soltó tal cual: ‘O me dejas la cena gratis, o te pongo a parir en internet'”.

Este es apenas uno de los casos que se detallan en este extraordinario reportaje, de lectura recomendada para quienes se fían de Internet a la hora de tomar una decisión.

Sorprendentemente, este fenómeno no es exclusivo de la hostelería, en Flexicar ya ha pasado más de una vez, no solo poniendo comentarios negativos (que muchos se terminan resolviendo satisfactoriamente, pero el comentario queda ahí para siempre), algunos, ante la negativa de esta empresa de ceder al chantaje, han dedicado un esfuerzo increíble, creando blogs, vídeos en youtube, creando cuentas sin parar, etc.

Para leer el reportaje completo, podéis hacerlo siguiendo este enlace 

5 comentarios en “Opiniones: “O me regalas la comida o te pongo a parir en internet””

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